Testimonio de Ricardo

Era un mes de diciembre de hace ya un puñado de años, diez, doce, quince, no recuerdo bien. Llevaba un grupo de confirmación en mi parroquia de Zaragoza, gente de trece y catorce años. Y no sé por qué medio me enteré que se hacía una exposición solidaria de Belenes del Mundo. Pensé que sería una buena actividad para el grupo que animaba, una buena oportunidad para meterles el gusanillo de la solidaridad, del voluntariado, del compromiso… Así que fui a curiosear unos días antes, y allí entre objetos del Congo, cuadros de mariposas, belenes exóticos, etc, conocí a Techín, su entusiasmo y su experiencia como misionera me impresionaron y me cautivaron de tal manera que al que de verdad le introdujeron el gusanillo de esos valores y actitudes fue a mí mismo.
Desde entonces Pueblos Hermanos son algo más de dos bonitas palabras, forman parte de mi vida de una manera muy significativa. Y gracias a ese primer encuentro, conocí al resto de los voluntarios: Ladis recibiendo como buen portero a todos los que entraban a la exposición, Tere que desde el primer momento me invitó a las reuniones, y así al resto de compañeros.